El Árbol sobre la Colina

Bringing back the forgotten flowers to Reality

Traidor

Published by Olalla Gabrielle under , , on 16:06
Esta historia es la confesión de un hombre inculpado de forma injusta. Él no es sólo un hombre y su error, fue la enorme equivocación de no confesar su verdadera naturaleza. ^ ^


TRAIDOR

Gritando traición en el Portal de la Ciudad, una y otra vez como un alma desvaída, corrupta con la historia... Lo que ha sido del destino del hombre, ha sido de mi alma. Después del pecado, mi pecho ha sido golpeado por la crueldad de la ley... Moral etérea que inunda la Conciencia de los Grandes, éstos creyendo en ella encontrar la Vía de la Verdad, pero son ellos también pecadores hostigados por su propio látigo al calor de sus estancias. Para mí no hay piedad, yo no creo en la Moral, ninguna doctrina podría dar luz sobre la Locura que atrofia mi mente cada día, y más ciertamente, cada Noche. Despertando en la mañanas con la certeza de la Justicia en mis palabras, pero en la Noche tengo la marca de la traición a un amigo en mis manos. Pero eres hoy quien traiciona, mi amigo.

Mi esencia es muy sencilla, casi primitiva. Con ojos voraces busco, los alimentos del alma son sus palabras, voces de aliento, historias de amor y valentía, tu erudición amigo, sólo eso alumbra por completo los abismos insondables de esta Soledad insospechada. El abrigo y el calor en la piel despojada de una mujer, la blandura de sus caricias casi maternas como preámbulo de la Pasión, allí me quedo, preso de una historia casi eterna en una Noche, de ella soy... Y mi camino. Soy caminante solitario. Soy un caminante solitario de los bosques que rodean la Nación, no necesito hogar más que las palabras y la luz interminable de la Noche. Y sólo ascendo a la ciudad guíado por ellas... y vuelvo de nuevo errando al valle y la Montaña, convencido de mi ineludible Soledad. Así fue como te lo dije amigo mío, la Noche de nuestro primer encuentro.

Y la fatídica mañana en que fui presa de las acusaciones, cuán desolado me sentí errando por el Valle, sin sentirme dueño de mi camino, debiéndote mi Vida con cada paso, por algo de lo que no te despojé. Y mis palabras hoy se sienten vacías por acusar de forma tardía, una sombría forma que ya otrora contemplé, cuando la vi a ella sentada a tus pies frente al fuego hace ya tiempo, sonriendo trémula como todas y maquinando como el Diablo. Con cada visita a tu morada, ella buscaba momentos de silencio y ausencia para acercarse a mi. Sabía que para acceder a mi palabra, debía portar una historia y cada vez me contaba una diferente, siempre entrelazada, de una naturaleza insinuante hacia mis secretos, que debo suponer fueron compartidos a ella por tu consagrada ingenuidad. Mis ojos que no en vano se han esculpido fieramente en la abandonada y fiera Noche, penetraban en su pretensión.

- No es acaso el destino del maldito encontrar cobijo, un amor en el que encuentre redención. Los amores son como respiros de un ser cándido que aprende en su pasión.- Dijo ella en cierta ocasión. A lo que contesté: - No por amor está lista el alma para respirar en Noches neblinosas, quién no está listo para percibir el sendero, se pierde para siempre, así como su alma, pese a la Pasión.- Pero mis palabras nunca la detuvieron, siempre empujada por el ansía de conocimiento para el que ciertamente no estaba preparada. Y fue aquél fatídico día, aquella cándida Noche de primavera, durante mi partida, la cual nunca te confesé ya que tú conoces mi incontenible naturaleza, que ella me siguió vestida de mozo a través de la puerta de la Ciudad. Continuó incluso más allá de los últimos límites de la ciudad, a través del claro en medio de las montañas. Debo imaginar que aquella desenfrenada porfía de Amalia no estaba lista para tan duro y rápido viaje hasta el claro donde me entrego de nuevo a la renovación de la Noche. Pero hasta allí siguió el paso, y allí apreció mi verdadera mirada a la luz de la Luna reflejada en el agua y pudo ver mi verdadera forma. La locura hizo mella en su conciencia tan fácilmente, un grito ahogado llenó su cara mi amigo, y su cordura, la poca que creo aún poseía, abandonó el reflejo de su cara y como el día pierde su color al Anochecer, ella perdió la esencia de su alma. Y como un cascarón vacío en medio del agreste Bosque, deambula la pobre criatura sin conciencia si quiera de quién era y de cuán noble espíritu estaba enamorada.

Fueron infinitas las horas que irradiaste con tu saber, el antiguo conocimiento que porto y del que nunca te hablé. Te dije de mi innegable Soledad, eso lo sabía, pero nunca lo había probado de tal forma. Pocos me han alimentado el alma como tú lo hiciste, pero hoy, después de tu terrible pérdida no encuentro consuelo ni pago suficiente, más que tu honda traición. Convertirme en delincuente de la Nación, tú traición, que con todo, perdono por tu dolor. Hoy te cuento la verdad de la tragedia, y espero que mi palabra sea suficiente evidencia de tan terrible hecho. Y con esto, debo encomendarme a mi Soledad, la cual nunca debí abandonar. Es el destino de los hijos de la Noche.

0 comentarios:

Post a Comment